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14/9/07

¿Cuál? - Galería Sendrós 2005





Por Magdalena Jitrik 
Pájaro de 500 voces (a cerca de ¿Cuál? de Verónica Di Toro)

Mientras veo estos cuadros de Verónica Di Toro, me viene a la mente otra pregunta, mas bien la pregunta insidiosa sobre qué es la pintura o por qué la pintura. Es inquietante porque cuando ensayo una respuesta, se corresponde casi únicamente con estos cuadros, o a la tradición geométrica a la que pertenecen. Eso me lleva a pensar que habría tantas definiciones o descripciones de la pintura como cuadros o pintores. Tantos factores definitivos como hechos pictóricos.Pienso que en el caso de estos cuadros, la pintura es la operación visual y material que produce la imagen de un universo que no existe, o que no vemos. ¿No existe? Me lleno de pensamientos circulares. La pintura sería una práctica al mismo tiempo que un instrumento de visión, de ese universo que crea, o que hace visible. Una pintura, un objeto real y material, creado para producir consecuencias en los ojos, la visión de canales coloríferos que avanzan paralelos, todos resplandeciendo. Es el testimonio de la invención de cada color.Me pregunto cómo es esta práctica particular, en donde la reducción extrema de sus componentes terminan por construir, por el contrario, un sistema ampliado, enorme, infinito. Con el silencio de las formas trabaja la estridencia de los colores. Con la quietud de las rectas, la velocidad del movimiento. Entonces, ¿por qué la pintura? ¿por qué su experiencia intransferible?




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Por Mercedes Mac Donnell. Los Inrockuptibles Nº98

Detrás de su aparente uniformidad, los cuadros que presenta hasta fin de mes Verónica Di Toro, esconden su encanto en los detalles mínimos que hacen a su diferencia.
Dicen que observadas a una distancia muy pequeña, las obras de Piet Mondrian revelan desprolijidades, pequeñas manchas, zonas donde la pintura tapa un error o una salpicadura. La anécdota no deja de sorprender, por que si hay algo que aparenta una perfección casi matemática es un Mondrian. Pero, a la vez, revela una obstinada manera de mirar el arte abstracto, reduciéndolo a una formalidad fría, calculadora y decorativa; una mera combinación de colores dispuestos en orden geométrico – o no -, casi como un quehacer que bien podría llevar adelante una máquina sin la necesidad de que medie algo así como la “experiencia del arte” (por llamarla de alguna manera). Totalmente ajena a estas cuestiones y definiciones, Verónica Di Toro presenta sus cuadros en la galería Alberto Sendrós con la expectativa puesta no tanto en el efecto que tendrán sobre los visitantes, sino en el “tiempo de contemplación” que cada uno de sus trabajos reclama para ser “visualizado”. Se trata de obras apaisadas, de formato grande, emparentadas entre sí por la repetición de líneas paralelas. Ninguna es igual a otra, pero todas escapan a una descripción particular (de ahí el título de la muestra, menos desafiante que divertido por la desorientación que podría provocar en el espectador). Todo aquel que les dedique más de dos segundos (fracción de tiempo que la mayoría de las veces se le concede a un cuadro abstracto, por suponer que no puede ofrecer nada más que sus aciertos formales) descubrirá detalles, pequeños relieves en los que sobresalen las capas de acrílico, zonas donde la secuencia de colores transmite una fuerza impecable y fascinante, capaz de derribar aquello que dice que el arte pasa por “entender” o “transmitir un mensaje”, y no por la simple experiencia de enfrentarse a una obra para, sencillamente, ver qué pasa.

Bienal Bahía Blanca 05


Serie "Rayas"
36 módulos de 36 x 36 cms.
acrílico sobre madera
Bienal Nacional de Arte de Bahía Blanca
Museo de Arte Contemporáneo

Cultural Chandon 05


Serie "Rayas"
48 módulos de 36 x 36 cms
acrílico sobre madera

Museo Provincial de Bellas Artes "Timoteo Navarro"
San Miguel de Tucumán, Argentina.

Fundación PROA 05







Fundación PROA propuso a Daniel Molina, y a los artistas Mónica Girón, Magdalena Jitrik, Daniel Joglar, Alberto Goldstein y Leo Battistelli conjuntamente con Roman Vitali, presentar cada uno un grupo de artistas residentes en Buenos Aires o en el interior del país, sin trayectoria en nuestro medio artístico. A través de la mirada de cada uno de ellos, nos acercamos a las nuevas generaciones en obras tanto plásticas, como en video, poesía o música.Este año MIX O5 ya no es un nuevo “panorama” de la ciudad, sino que el desafío consiste en hacer convivir miradas entrecruzadas en un mismo ámbito a través de la lectura de los artistas. El resultado, como bien señala Mónica Girón, es un “salto al vacío”, “un ejercicio donde encontrará una pregunta en lugar de una explicación”. Desde lo político hasta lo puramente estético, desde la búsqueda de la luz en las instalaciones y las propuestas performáticas y de poesías, estas obras dan cuenta del panorama artístico local. Conjuntamente a un pequeño auditorio que se integra a la sala como una obra más, el proyector presentará las grandes obras del arte del siglo XX, los video arte, los cortos publicitarios, experiencias documentales, VJ, etc. También desde este lugar proponemos volver a preguntarnos “que es artístico” hoy en nuestro país. Paralelamente un programa de acción entre Dj, músicos, poetas y performances profundizan las preguntas.
Monumentalidad de un proyecto
por Magdalena Jitrik
Por tercera vez tenemos la oportunidad de ver éste grupo de pinturas de Verónica Di Toro, nacidas para estar juntas y en relación dinámica con el espacio. Toda definición estática de la pintura se refuta en este programa de trabajo. Cada cuadro está libre de cambiar su posición en relación con sus vecinos, cada cuadro puede independizarse y girar. Así una acumulación sistemática de colores y experiencias fueron sumando ejemplar tras ejemplar, la construcción de ésta posibilidad monumental de pintura sobre tela, que al mismo tiempo que se presenta, postula su capacidad infinita de modificarse.las sencillas premisas de las cuales la artista no se aparta, son la garantía de ésta libertad extrema que la experiencia de la pintura , como ninguna otra provee.
Por Fabián Lebenglik Pagina 12 Enero 2005
La muestra organizada por la Fundación Proa supone una serie de sentidos a priori, relacionados con la naturaleza de la convocatoria y con el sentido que propone el nombre, Mix 05.La convocatoria se planeó como una cadena de invitaciones: Proa convoca a seis artistas y a un crítico para que a su vez éstos inviten a un conjunto de artistas para montar una muestra en tiempo record. El título de la exposición Mix 05 es explícito respecto de las intenciones: to mix: mezclar, amasar, aderezar y, también, asociarse. Con estos elementos se tiene prácticamente todas la pautas.Los convocadores convocados son Daniel Joglar, Magdalena Jitrik, Daniel Molina, Mónica Girón, Leo Batistelli + Román Vitali y Alberto Goldenstein.En su liviandad veraniega, la exposición no se propone ser un panorama riguroso y totalizador sino más bien uno casual y subjetivo. Por lo tanto no se le puede pedir a Mix 05 una mirada omnicomprensiva y abarcadora, ni una teorización consistente, sino sólo un atisbo de panorama, surgido más bien como plusvalía o, tal vez, como un efecto secundario del esquema organizativo. La muestra –más un juego que otra cosa, y ése es el clima que propone, en el que también cabe la acción artística comprometida con lo social– se basa en la confianza de la mirada en quienes fueron llamados para invitar y se dirime por la calidad y la subjetividad de estos modos de ver. Así, lo aleatorio de los resultados se debe a múltiples causas asociadas a los condicionamientos, especialmente el tiempo escaso.Joglar presenta a Livio De Luca, Juan Souto, Andi Nachon, Adriana Sasali, Jimena Lascano, Gustavo Christiansen, Stella Maris, Inés Drangosch y Proyecto Súper Sopa. Nueve artistas –casi todos de Mar del Plata, como quien los convocó– reunidos con el argumento de la curiosidad: “La curiosidad –Joglar cita a Czeslaw Milosz– tiene que ser una pasión poderosa si tantas personas a lo largo de miles de años intentaron descubrir, tocar, nombrar y entender una realidad que se escapa, una realidad de ‘n’ dimensiones”. Esa curiosidad, en cada caso, es “la realidad social, la capacidad de transformación, lo poético, la escritura, la superficie, la luz, el fragmento, la música, lo efímero, lo fugaz, y todos con un intento de retenerlo un poco más...”. Para el caso de los artistas –sigue Joglar–, “propongo una imagen que nos acerque al clima de sus obras: una persona caminando por un territorio nevado, que avanza dejando el camino libre de marcas. Su tarea es doble: caminar, pero sin dejar huellas. A medida que camina sus huellas quedan marcadas, pero al mismo tiempo las va limpiando”.Junto con la mirada poética, entre el conjunto de los convocados por Joglar incluye un montaje de una obra solidaria, el Proyecto Súper Sopa, que es un programa nutricional de buena calidad y muy bajo precio, llevado a cabo en la Universidad de Quilmes y con la colaboración en la difusión del grupo “re:unión”, especialista en diseño de bien público.Magdalena Jitrik invita a Polo Tiseira, Verónica Di Toro, Cristian Wloch, DJ Nim y Proyecto Zanon. Una propuesta que va desde las derivaciones estéticas del proceso social y político que se abrió con las fábricas recuperadas, especialmente a partir de diciembre del 2001, y también convocó a artistas cuya posición artística es estrictamente estética, y se juega por el color y la escala (Di Toro), o la luz, el movimiento y el sonido (Wloch). En relación con el Proyecto Zanon, Jitrik aclara:“Presentamos un pequeño fragmento de este trabajo que resalta otro aspecto artístico de la gestión obrera, producido lateralmente e inicialmente para otros fines: desarrollar diseños, obras, propuestas para esta fábrica sin patrones”.Por su parte, Matías Duville, Fabián Bercic, Gabriela Forcadell, Christina Schiavi y Julián Gatto fueron invitados por Daniel Molina, para quien “lo realmente nuevo suele verse a posteriori. Se podría escribir una historia del arte tomando en cuenta las fallidas apuestas contemporáneas de los críticos, que creen ver lo nuevo bajo la forma de lo novedoso. Nada ha envejecido más rápido que las vanguardias. Los verdaderos innovadores no posan de innovadores. Del arte puede decirse lo que Confucio dice del Sol: a pesar de ser siempre el mismo, siempre renueva la vida. Así, lo nuevo del arte, lo que lo renueva, se manifiesta en lo sutil. Se ve en los intersticios. No parece nuevo: lo es. Por eso, por la sutileza intersticial de sus obras en emergencia, elegí estos cinco artistas”. Algunos de los rasgos comunes que encuentra Molina entre los cinco se cuentan en la potencia visual, el carácter artesanal, la sutileza, la correspondencia entre estética y ética, y la actitud zen.Mónica Girón convocó a Marcelo F. Totis (de Resistencia –ver uno de sus mandalas en la foto–), Paola Sferco (cordobesa residente en Neuquén), Gustavo Chab (músico, de Buenos Aires) y Jorgelina Herrero Pons (escenógrafa, también de Buenos Aires). En el caso de la propuesta de Girón, la artista intenta capitalizar el poco tiempo que medió entre la invitación y la exposición para apostar a un ejercicio, según dice, que invite a un salto al vacío y no tanto a dar explicaciones sino más bien a hacerse preguntas.Leo Batistelli y Román Vitali presentan a Constanza Alberione y David Nahon, por razones de afinidad artística y amistad. Aquí lo artístico está ligado a la intimidad y al imperio de la pura subjetividad. Pinturas y fotografías de dos artistas que, según concluyen Batistelli y Vitali, son “seres felices mostrando cuán felices son”.Por su parte, Alberto Goldenstein invita a Miguel Mitlag, Cecilia Szalkowicz, María Antolini y Jorge Miño, “cuatro planteos de apertura en el juego de fotografiar. Todos parten de una visión fotográfica directa, casi casual, en donde el color tiene protagonismo. De algún modo, cada uno de ellos en su subjetividad abre aún más el campo de lo fotografiable”.