Simetría Nº13 - acrílico sobre tela - 180 x 180 cm.19/2/09
15/12/08
Parque España 2008
29/5/08
Simetrías 2008


Mención Honorífica del Jurado - Salón Nacional de Rosario - 2008


Simetría Nº1 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm. 14/9/07
Energía Renovable - Galería Sendrós - 2007



Diario Página12. Suplemento Radar. Por Leopoldo Estol
Estamos en la última muestra de Verónica Di Toro, una pintora nacida en 1974 que vive y trabaja en esta ciudad, formada en la escuela de arte local (Pueyrredon-IUNA) y en el taller de Sergio Bazan. Energía Renovable es el título de la muestra. Wikipedia llama energía renovable a la energía que se obtiene de fuentes naturales virtualmente inagotables, unas por la inmensa cantidad de energía que contienen (como el sol), y otras porque son capaces de regenerarse por medios naturales indefinidamente (la energía hidroeléctrica por ríos, eólica por viento, etc). Claramente, los combustibles fósiles no son energía renovable. El petróleo, el gas y el carbón, pilares de gran parte de nuestra economía, según cálculos de Hubbert se acabarían en cuestión de décadas. Pero, ahora con algo de urgencia: ¿cómo se hace la energía renovable? ¿Cómo la fabricamos? ¿Tiene que ver con el famoso menos es más? Algo. Una norma saludable en la economía de cualquier cosa: la posibilidad de con lo poco hacer más. Una transformación que buscamos en cualquier campo y que en el arte es casi la regla fundante del juego. Y uno bien podría preguntarse: ¿cuán poco se puede hacer con la pintura? ¿Cuánto es poco para la pintura? Depende de qué poco. Poco, ¿como para Robert Ryman? Ese yanqui obsesionado con casi tantos matices de blanco como los que los esquimales pueden pronunciar que ha logrado hacer una vida de las infinitas variables y estrategias que el color blanco puede ofrecer. Poco como On Kawara, que pintó durante décadas tan solo el día en el centro del cuadro y con esa fecha a él le alcanzaba para darles espesor a su tiempo y a su trabajo. Poco, lo que hay en la galería es poco: hay una paleta de colores y un diseño. Una paleta tan meticulosa aunque más diversa que los blancos de Ryman y un diseño tan exacto como el de las pinturas con fecha de Kawara pero sin esa exagerada fidelidad al calendario. Y, claro, ahí viene el truco, es poco lo que hay pero es más que suficiente para llenar las paredes de cuadros.
El acrílico se impone allí como la mejor sustancia para dar cuerpo a ese diseño repetido de distintas inclinaciones y combinaciones de colores que una y otra vez da por resultado cuadros. Y en los cuadros algo curioso o, mejor algo, misterioso: un gran continuo de movimiento que se regenera con esperanzadora calma. No hay mucha sustancia, ni materia, como les gusta decir a los pintores. Con una intermitente combinación de colores y milimétrica factura, estos trabajos desafían abiertamente a nuestros cuerpos. Si bien se trata de cuadros, podemos olvidarnos de ese detalle y, dada la precisión, hablar de pantallas. ¡Hay radiación catódica! Son campos de fuerza rgb, magnéticos en ritmo que atraen y expulsan miradas. Es por sobre todo un trabajo minucioso de tonalidades. Di Toro no busca el contraste más efectivo –que sería sin dudas el rojo sobre azul, dos colores que se disputan el ojo hasta hacerlo doler–, Di Toro busca colores más calmados pero los tensiona más tarde alternándolos en relación musical unos con otros, armando secuencias de, por ejemplo, fucsia-rojo-blanco-naranja-verdes-azul que se repiten un poco más tarde distraídos como si nada hubiese pasado. Un alemán decía que lo atractivo de la música electrónica estaba en cómo el loop, en su monótona repetición y mínima alteración, daba la sensación al afiebrado clubber de estar viajando en el tiempo. Esas líneas que están ahí pero yo ya las vi un poco más atrás en el mismo cuadro. Y un poco más adelante, y un poco más adelante. Con los dedos de Di Toro encima del fast forward y el rewind, estas superficies son un parque de diversiones solo para nuestros ojos.
Ahora sí, ¿viajamos en el tiempo? Sí, a Estados Unidos, al año 1968: directamente a ver al recién nacido minimalismo. La seguridad con la que estos cuadros se apropian de la pared recuerda a Donald Judd, el artista norteamericano que hizo entrar la industria al mundo de las galerías. Judd repetía una serie de cajas metálicas de perfecta terminación industrial con separaciones constantes. La clave era la repetición, una cosa dicha tres veces no es la misma cosa. Y si lo piensan dos segundos, la clave del minimalismo es la repetición: tres veces la misma cosa es una poderosa afirmación. Entonces, las pinturas de Verónica usan la repetición para presentar un modulo de colores y hacer variaciones más atrás y más adelante que a simple vista cautivan por una tensión tan musical como visual. A diferencia de la música electrónica –que se desarrolla en el tiempo– y del minimalismo –en donde el módulo es constante–, estas pinturas aprovechan su condición de superficies para desplegar múltiples tonos que suben de derecha a izquierda o viceversa y así durante un rato pasean a la mirada de aquí para allá. Proponiendo un juego que refiere a la industria de manera esquiva, a una industria de la imagen, una imprenta o una impresora hogareña quizá, con los deberes de formas y colores que tienen las máquinas que repetitivamente llenan hojas de patrones. Sí, acá hay un patrón muy prolijamente estandarizado que le debe inspiración a la máquina y pasión al empeño de la artista y será por esa mezcla que lo que más queda es la sensación. Esa vibración tan efectista como espiritual con la que el buen arte Op tiene lugar y permanece. Un teórico re-atento diría que detrás de cada cuadro Op hay un tratado sobre lo visible que nos recuerda que nuestros ojos envían impulsos nerviosos que el cerebro decodifica y transforma en imagen-pensamiento y que la vibración que sentimos es una toma de conciencia sobre los mecanismos que usamos para mirar. Sí, sí, sí, ¡todo eso es verdad! Pero hay algo más. Estas pinturas son los mejores Yummy: es todo el sabor a plástico que una buena golosina tiene que tener y encima, todavía son masticables.
Centrados 07
Centrado Nº1 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.





Rayados 07




Orthodoxe / Hétérodoxe 07
ORTHODOXE /HÉTÉRODOXE - CHOISIR SA LIGNE
La Mals, Sochaux, France. 27 avril - juin
Le 19, L’Allan Hôtel de Sponeck
Montbéliard, France. 5 avril - 17 juin
La pintura de Verónica Di Toro se inscribe al mismo tiempo dentro de la tradición de la abstracción latinoamericana y de la evolución que ha conocido la abstracción a nivel internacional. La suya es una pintura que integra en su práctica la simplificación formal y cromática iniciada por el Movimiento Madí y el Neoconcretismo y que asocia una problemática serial y un uso de la línea coloreada que ilustra su asimilación de la experiencia del “optical art” y del “hard hedge”. Se trata de una pintura que asume su práctica en la era de la producción y de la reproducción en serie. Hechas de alineamientos de rayas de largo y colores diferentes, las pinturas de Di Toro juegan con el efecto de contaminación de unas sobre otras. Nos ponen en una situación donde percibimos al mismo tiempo un motivo que evoca la estructura decorativa del “imprimé” textil y una interferencia óptica entre línea y color. Simultáneamente, por el juego de asociaciones cromáticas y de variación entre líneas, rayas y bandas coloreadas, las pinturas de Di Toro producen un efecto de vibración y de corrosión de la trama que no deja de evocar la artificialidad generalizada de nuestro universo. Es por eso que estas pinturas pueden presentarse como cuadros y a la vez como elementos de un dispositivo en el cual devienen unidades polícromas al servicio de composiciones y combinaciones múltiples.
Philippe Cyroulnik, 2007
Rayados 06
¿Cuál? - Galería Sendrós 2005



Por Magdalena Jitrik
Detrás de su aparente uniformidad, los cuadros que presenta hasta fin de mes Verónica Di Toro, esconden su encanto en los detalles mínimos que hacen a su diferencia.
Dicen que observadas a una distancia muy pequeña, las obras de Piet Mondrian revelan desprolijidades, pequeñas manchas, zonas donde la pintura tapa un error o una salpicadura. La anécdota no deja de sorprender, por que si hay algo que aparenta una perfección casi matemática es un Mondrian. Pero, a la vez, revela una obstinada manera de mirar el arte abstracto, reduciéndolo a una formalidad fría, calculadora y decorativa; una mera combinación de colores dispuestos en orden geométrico – o no -, casi como un quehacer que bien podría llevar adelante una máquina sin la necesidad de que medie algo así como la “experiencia del arte” (por llamarla de alguna manera). Totalmente ajena a estas cuestiones y definiciones, Verónica Di Toro presenta sus cuadros en la galería Alberto Sendrós con la expectativa puesta no tanto en el efecto que tendrán sobre los visitantes, sino en el “tiempo de contemplación” que cada uno de sus trabajos reclama para ser “visualizado”. Se trata de obras apaisadas, de formato grande, emparentadas entre sí por la repetición de líneas paralelas. Ninguna es igual a otra, pero todas escapan a una descripción particular (de ahí el título de la muestra, menos desafiante que divertido por la desorientación que podría provocar en el espectador). Todo aquel que les dedique más de dos segundos (fracción de tiempo que la mayoría de las veces se le concede a un cuadro abstracto, por suponer que no puede ofrecer nada más que sus aciertos formales) descubrirá detalles, pequeños relieves en los que sobresalen las capas de acrílico, zonas donde la secuencia de colores transmite una fuerza impecable y fascinante, capaz de derribar aquello que dice que el arte pasa por “entender” o “transmitir un mensaje”, y no por la simple experiencia de enfrentarse a una obra para, sencillamente, ver qué pasa.
Bienal Bahía Blanca 05
Cultural Chandon 05
Museo Provincial de Bellas Artes "Timoteo Navarro"
Fundación PROA 05





Fundación PROA propuso a Daniel Molina, y a los artistas Mónica Girón, Magdalena Jitrik, Daniel Joglar, Alberto Goldstein y Leo Battistelli conjuntamente con Roman Vitali, presentar cada uno un grupo de artistas residentes en Buenos Aires o en el interior del país, sin trayectoria en nuestro medio artístico. A través de la mirada de cada uno de ellos, nos acercamos a las nuevas generaciones en obras tanto plásticas, como en video, poesía o música.Este año MIX O5 ya no es un nuevo “panorama” de la ciudad, sino que el desafío consiste en hacer convivir miradas entrecruzadas en un mismo ámbito a través de la lectura de los artistas. El resultado, como bien señala Mónica Girón, es un “salto al vacío”, “un ejercicio donde encontrará una pregunta en lugar de una explicación”. Desde lo político hasta lo puramente estético, desde la búsqueda de la luz en las instalaciones y las propuestas performáticas y de poesías, estas obras dan cuenta del panorama artístico local. Conjuntamente a un pequeño auditorio que se integra a la sala como una obra más, el proyector presentará las grandes obras del arte del siglo XX, los video arte, los cortos publicitarios, experiencias documentales, VJ, etc. También desde este lugar proponemos volver a preguntarnos “que es artístico” hoy en nuestro país. Paralelamente un programa de acción entre Dj, músicos, poetas y performances profundizan las preguntas.
La muestra organizada por la Fundación Proa supone una serie de sentidos a priori, relacionados con la naturaleza de la convocatoria y con el sentido que propone el nombre, Mix 05.La convocatoria se planeó como una cadena de invitaciones: Proa convoca a seis artistas y a un crítico para que a su vez éstos inviten a un conjunto de artistas para montar una muestra en tiempo record. El título de la exposición Mix 05 es explícito respecto de las intenciones: to mix: mezclar, amasar, aderezar y, también, asociarse. Con estos elementos se tiene prácticamente todas la pautas.Los convocadores convocados son Daniel Joglar, Magdalena Jitrik, Daniel Molina, Mónica Girón, Leo Batistelli + Román Vitali y Alberto Goldenstein.En su liviandad veraniega, la exposición no se propone ser un panorama riguroso y totalizador sino más bien uno casual y subjetivo. Por lo tanto no se le puede pedir a Mix 05 una mirada omnicomprensiva y abarcadora, ni una teorización consistente, sino sólo un atisbo de panorama, surgido más bien como plusvalía o, tal vez, como un efecto secundario del esquema organizativo. La muestra –más un juego que otra cosa, y ése es el clima que propone, en el que también cabe la acción artística comprometida con lo social– se basa en la confianza de la mirada en quienes fueron llamados para invitar y se dirime por la calidad y la subjetividad de estos modos de ver. Así, lo aleatorio de los resultados se debe a múltiples causas asociadas a los condicionamientos, especialmente el tiempo escaso.Joglar presenta a Livio De Luca, Juan Souto, Andi Nachon, Adriana Sasali, Jimena Lascano, Gustavo Christiansen, Stella Maris, Inés Drangosch y Proyecto Súper Sopa. Nueve artistas –casi todos de Mar del Plata, como quien los convocó– reunidos con el argumento de la curiosidad: “La curiosidad –Joglar cita a Czeslaw Milosz– tiene que ser una pasión poderosa si tantas personas a lo largo de miles de años intentaron descubrir, tocar, nombrar y entender una realidad que se escapa, una realidad de ‘n’ dimensiones”. Esa curiosidad, en cada caso, es “la realidad social, la capacidad de transformación, lo poético, la escritura, la superficie, la luz, el fragmento, la música, lo efímero, lo fugaz, y todos con un intento de retenerlo un poco más...”. Para el caso de los artistas –sigue Joglar–, “propongo una imagen que nos acerque al clima de sus obras: una persona caminando por un territorio nevado, que avanza dejando el camino libre de marcas. Su tarea es doble: caminar, pero sin dejar huellas. A medida que camina sus huellas quedan marcadas, pero al mismo tiempo las va limpiando”.Junto con la mirada poética, entre el conjunto de los convocados por Joglar incluye un montaje de una obra solidaria, el Proyecto Súper Sopa, que es un programa nutricional de buena calidad y muy bajo precio, llevado a cabo en la Universidad de Quilmes y con la colaboración en la difusión del grupo “re:unión”, especialista en diseño de bien público.Magdalena Jitrik invita a Polo Tiseira, Verónica Di Toro, Cristian Wloch, DJ Nim y Proyecto Zanon. Una propuesta que va desde las derivaciones estéticas del proceso social y político que se abrió con las fábricas recuperadas, especialmente a partir de diciembre del 2001, y también convocó a artistas cuya posición artística es estrictamente estética, y se juega por el color y la escala (Di Toro), o la luz, el movimiento y el sonido (Wloch). En relación con el Proyecto Zanon, Jitrik aclara:“Presentamos un pequeño fragmento de este trabajo que resalta otro aspecto artístico de la gestión obrera, producido lateralmente e inicialmente para otros fines: desarrollar diseños, obras, propuestas para esta fábrica sin patrones”.Por su parte, Matías Duville, Fabián Bercic, Gabriela Forcadell, Christina Schiavi y Julián Gatto fueron invitados por Daniel Molina, para quien “lo realmente nuevo suele verse a posteriori. Se podría escribir una historia del arte tomando en cuenta las fallidas apuestas contemporáneas de los críticos, que creen ver lo nuevo bajo la forma de lo novedoso. Nada ha envejecido más rápido que las vanguardias. Los verdaderos innovadores no posan de innovadores. Del arte puede decirse lo que Confucio dice del Sol: a pesar de ser siempre el mismo, siempre renueva la vida. Así, lo nuevo del arte, lo que lo renueva, se manifiesta en lo sutil. Se ve en los intersticios. No parece nuevo: lo es. Por eso, por la sutileza intersticial de sus obras en emergencia, elegí estos cinco artistas”. Algunos de los rasgos comunes que encuentra Molina entre los cinco se cuentan en la potencia visual, el carácter artesanal, la sutileza, la correspondencia entre estética y ética, y la actitud zen.Mónica Girón convocó a Marcelo F. Totis (de Resistencia –ver uno de sus mandalas en la foto–), Paola Sferco (cordobesa residente en Neuquén), Gustavo Chab (músico, de Buenos Aires) y Jorgelina Herrero Pons (escenógrafa, también de Buenos Aires). En el caso de la propuesta de Girón, la artista intenta capitalizar el poco tiempo que medió entre la invitación y la exposición para apostar a un ejercicio, según dice, que invite a un salto al vacío y no tanto a dar explicaciones sino más bien a hacerse preguntas.Leo Batistelli y Román Vitali presentan a Constanza Alberione y David Nahon, por razones de afinidad artística y amistad. Aquí lo artístico está ligado a la intimidad y al imperio de la pura subjetividad. Pinturas y fotografías de dos artistas que, según concluyen Batistelli y Vitali, son “seres felices mostrando cuán felices son”.Por su parte, Alberto Goldenstein invita a Miguel Mitlag, Cecilia Szalkowicz, María Antolini y Jorge Miño, “cuatro planteos de apertura en el juego de fotografiar. Todos parten de una visión fotográfica directa, casi casual, en donde el color tiene protagonismo. De algún modo, cada uno de ellos en su subjetividad abre aún más el campo de lo fotografiable”.
Zona en Proyecto 04



Zona en Proyecto, Intervenciones a un espacio deshabitado propone un recorrido no lineal, pensado en las posibilidades de interrelación de las propuestas de cada uno de los artistas - 5 integrantes de Proyecto A, y 12 invitados - y cada una de sus obras funcionando en un espacio sumamente particular. El lugar ha estado cerrado por largos años pero contiene la presencia de distintos elementos que atestiguan un pasado de trabajo activo y mucha gente en circulación.
Esa suma de situaciones de lugar a un contexto especial en el que podría decirse que la soledad ha dejado sus rastros. Lo inusual de sus dimensiones - 5000 m2 - de los que se tomarán 1200 m2 - impone un entorno extraño en sí mismo y una oportunidad poco frecuente para proyectar un montaje que integre las obras al espacio, sin contaminar el especial clima que ofrece.Curatorialmente la propuesta tiene en cuenta que entre obra y obra haya espacios extensos y se eligieron instalaciones, objetos y acciones que posibilitarán intervenir pero no invadir ese silencio imperante.
Patricia Rizzo. Proyecto A.












