16/1/10

Beloved Structure - AVH Gallery - 2009



Beloved Structure: The Argentine Legacy
Curated by Eva Grinstein
Artists: Fabián Burgos, Martín Di Paola, Marcolina Dipierro, Verónica Di Toro, Lucio Dorr, Silvia Gurfein, Silvana Lacarra, Adriana Minoliti, Karina Peisajovich, Pablo Siquier, Andrés Sobrino.
November 14, 2009 – February 6, 2010
Latin American Abstract Geometric painting, with its strong ties to Europe yet with its undeniably great, regional protagonists, has left an enormous legacy to the contemporary art scene of the continent.
In this opportunity, Alejandra von Hartz Gallery has invited the curator, Eva Grinstein, to present a carefully selected group of artists, who inherited and continued this rich tradition in Argentine art. They “reinterpret and---in a way--- render homage to the masters of the vanguard, who changed the direction of Latin American art in the mid 20th century.”
Eva Grinstein notes: “This selection presents the work of eleven accomplished Argentine artists of the new generation, who through the use of very diverse materials and techniques---painting, reliefs, light pieces, and drawings---reignite and renew the passion for structure that characterized the artists that challenged the paradigms of representation. Embracing the power of the line and the pure play of form and color, fascinated by geometry and the constructive impulse, these eleven artists, despite their clear differences, coincide in one key aspect: the need to formulate in their work small, perfect structures, governed by strict compositional decisions that leave nothing to chance.”
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24/12/09

El color en toda su diversidad - C C Borges - 2009





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El color en toda su diversidad
Curador: Philippe Cyroulnik

Artistas invitados:
Fabián Burgos, Ana Casanova, Beto de Volder, Verónica Di Toro, Fabienne Gaston-Dreyfus, Graciela Harper, Silvia Gurfein, Robert Janitz, Karina Peysajovitch, Martín Reyna, Tulio de Sagastizabal y Andrés Sobrino.

El tema general de la exposición es la diversidad de la utilización del color en la pintura contemporánea a través de la presentación de diez artistas argentinos de diferentes generaciones y de dos artistas franceses (Fabienne Gaston Dreyfus y Robert Janitz). De los artistas argentinos varios son muy conocidos, como Fabián Burgos, Graciela Hasper, Beto de Volder, Tulio de Sagastizabal, Andrés Sobrino, Karina Peisajovich, Silvia Gurfein y Martín Reyna. Los otros son artistas emergentes pero conocidos y en situación de reconocimiento más fuerte como Ana Casanova y Verónica Di Toro. El abanico de temáticas van desde artistas que trabajan con la línea de color en la tradición de la abstracción geométrica pero como un camino heterodoxo muy original. Algunos trabajan el color a través del gesto de la pintura y su capacidad de abrir el campo del espacio pictórico (Ana Casanova, Fabienne Gaston Dreyfus y Martín Reyna). Otros utilizan el color en su relación óptica con la línea para producir una situación de perturbación de la visión. (Graciela Hasper y Beto de Volder). También hay artistas que trabajan el color en el camino más sensible para desarrollar su potencialidad de evocación de la presencia del cuerpo y del ritmo (Tulio de Sagastizabal y Fabianne Gastón Dreyfus). Otra posición posible es la integración en la práctica pictórica del proceso formal de combinación, de asociación (Andrés Sobrino) ó la utilización de la luz artificial y el acrílico para producir una forma con luz interior (esta situación permite al objeto tener un poder de atracción muy fuerte y de afirmar más y más la dinámica de la estructura - Karina Peisajovich) y de refracción del color (un fragmento producido de una dinámica espacial – Silvia Gurfein). La exposición incluye un artista que trabaja más el proceso de la pintura que la producción de un espacio pictórico (Robert Janitz). En particular las obras de Fabián Burgos se pueden presentar como un diálogo entre la tradición deconstructiva de la pintura francesa (por ejemplo el movimiento “Support-Surface” con la tradición geométrica, cinética y óptica del arte abstracto latinoamericano. La muestra se presenta como un diálogo entre artistas muy variado que trabajan el tema del color a través de un medio clásico como el óleo y con la utilización de materiales industriales y no especificamente pictóricos como la fotografía.
La idea es invitar a un camino que permite descubrir un calidoscopio estimulante de la diversidad de la práctica del color para el arte contemporáneo; y también de su capacidad increíble de producir nuevos encuentros visuales utilizando también las técnicas históricas de la pintura que las nuevas herramientas y tecnologías que puede ofrecer el mundo.
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http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0414/articulo.php?art=17824&ed=0414




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19/2/09

Simetrías 2009

Simetría Nº13 - acrílico sobre tela - 180 x 180 cm.


Simetría Nº12 - acrílico sobre tela - 180 x 180 cm.


Simetría Nº11 - acrílico sobre tela - 180 x 180 cm.
Premio Adquisición - Bienal Nacional de Arte de Bahía Blanca - 2009


15/12/08

Parque España 2008

Empapelado en Joven y Efímero - Centro Cultural Parque España - Rosario
Serigrafía sobre papel de seda pegado sobre vidrio







29/5/08

Simetrías 2008

Simetría Nº10 - acrílico sobre tela - 180 x 180 cm.
Premio Adquisición categoría Jóvenes Artistas - Premio Nacional de Pintura Banco Central - 2008 



Simetría Nº9 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.


Simetría Nº6 - Acrílico sobre tela - 180 x 180 cm.
Mención Honorífica del Jurado - Salón Nacional de Rosario - 2008

Simetría Nº4 - Acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.


Simetría Nº3 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.

Simetría Nº1 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.

14/9/07

Energía Renovable - Galería Sendrós - 2007

Empapelado - Serigrafía sobre papel de seda - 5.20 x 3.5 mts.






Diario Página12. Suplemento Radar. Por Leopoldo Estol
Domingo, 21 de Octubre de 2007


Colores santos


Con el halo espiritual del op art, la capacidad de la música electrónica de hacernos viajar en el tiempo y la repetición sintética del minimalismo, las pinturas de Verónica Di Toro se despliegan en las telas con una cualidad propia: la de hacernos viajar en el idioma del color y sorprendernos sin sobresaltos con las premoniciones de los déjà vu por venir.


La primera sensación es de alarma. En la pared principal de la Galería Alberto Sendrós hay una escalera mecánica monstruosa puesta de lado que nadie se imagina muy bien cómo llegó hasta ahí... No, mentira: se exhiben 5 cuadros de metro y medio por dos construidos por delicadas líneas que atraviesan el cuadro de una punta a otra que, con la misma comodidad de una buena escalera mecánica, en un instante trasladan la mirada de un extremo de la sala al otro.
Estamos en la última muestra de Verónica Di Toro, una pintora nacida en 1974 que vive y trabaja en esta ciudad, formada en la escuela de arte local (Pueyrredon-IUNA) y en el taller de Sergio Bazan. Energía Renovable es el título de la muestra. Wikipedia llama energía renovable a la energía que se obtiene de fuentes naturales virtualmente inagotables, unas por la inmensa cantidad de energía que contienen (como el sol), y otras porque son capaces de regenerarse por medios naturales indefinidamente (la energía hidroeléctrica por ríos, eólica por viento, etc). Claramente, los combustibles fósiles no son energía renovable. El petróleo, el gas y el carbón, pilares de gran parte de nuestra economía, según cálculos de Hubbert se acabarían en cuestión de décadas. Pero, ahora con algo de urgencia: ¿cómo se hace la energía renovable? ¿Cómo la fabricamos? ¿Tiene que ver con el famoso menos es más? Algo. Una norma saludable en la economía de cualquier cosa: la posibilidad de con lo poco hacer más. Una transformación que buscamos en cualquier campo y que en el arte es casi la regla fundante del juego. Y uno bien podría preguntarse: ¿cuán poco se puede hacer con la pintura? ¿Cuánto es poco para la pintura? Depende de qué poco. Poco, ¿como para Robert Ryman? Ese yanqui obsesionado con casi tantos matices de blanco como los que los esquimales pueden pronunciar que ha logrado hacer una vida de las infinitas variables y estrategias que el color blanco puede ofrecer. Poco como On Kawara, que pintó durante décadas tan solo el día en el centro del cuadro y con esa fecha a él le alcanzaba para darles espesor a su tiempo y a su trabajo. Poco, lo que hay en la galería es poco: hay una paleta de colores y un diseño. Una paleta tan meticulosa aunque más diversa que los blancos de Ryman y un diseño tan exacto como el de las pinturas con fecha de Kawara pero sin esa exagerada fidelidad al calendario. Y, claro, ahí viene el truco, es poco lo que hay pero es más que suficiente para llenar las paredes de cuadros.
El acrílico se impone allí como la mejor sustancia para dar cuerpo a ese diseño repetido de distintas inclinaciones y combinaciones de colores que una y otra vez da por resultado cuadros. Y en los cuadros algo curioso o, mejor algo, misterioso: un gran continuo de movimiento que se regenera con esperanzadora calma. No hay mucha sustancia, ni materia, como les gusta decir a los pintores. Con una intermitente combinación de colores y milimétrica factura, estos trabajos desafían abiertamente a nuestros cuerpos. Si bien se trata de cuadros, podemos olvidarnos de ese detalle y, dada la precisión, hablar de pantallas. ¡Hay radiación catódica! Son campos de fuerza rgb, magnéticos en ritmo que atraen y expulsan miradas. Es por sobre todo un trabajo minucioso de tonalidades. Di Toro no busca el contraste más efectivo –que sería sin dudas el rojo sobre azul, dos colores que se disputan el ojo hasta hacerlo doler–, Di Toro busca colores más calmados pero los tensiona más tarde alternándolos en relación musical unos con otros, armando secuencias de, por ejemplo, fucsia-rojo-blanco-naranja-verdes-azul que se repiten un poco más tarde distraídos como si nada hubiese pasado. Un alemán decía que lo atractivo de la música electrónica estaba en cómo el loop, en su monótona repetición y mínima alteración, daba la sensación al afiebrado clubber de estar viajando en el tiempo. Esas líneas que están ahí pero yo ya las vi un poco más atrás en el mismo cuadro. Y un poco más adelante, y un poco más adelante. Con los dedos de Di Toro encima del fast forward y el rewind, estas superficies son un parque de diversiones solo para nuestros ojos.
Ahora sí, ¿viajamos en el tiempo? Sí, a Estados Unidos, al año 1968: directamente a ver al recién nacido minimalismo. La seguridad con la que estos cuadros se apropian de la pared recuerda a Donald Judd, el artista norteamericano que hizo entrar la industria al mundo de las galerías. Judd repetía una serie de cajas metálicas de perfecta terminación industrial con separaciones constantes. La clave era la repetición, una cosa dicha tres veces no es la misma cosa. Y si lo piensan dos segundos, la clave del minimalismo es la repetición: tres veces la misma cosa es una poderosa afirmación. Entonces, las pinturas de Verónica usan la repetición para presentar un modulo de colores y hacer variaciones más atrás y más adelante que a simple vista cautivan por una tensión tan musical como visual. A diferencia de la música electrónica –que se desarrolla en el tiempo– y del minimalismo –en donde el módulo es constante–, estas pinturas aprovechan su condición de superficies para desplegar múltiples tonos que suben de derecha a izquierda o viceversa y así durante un rato pasean a la mirada de aquí para allá. Proponiendo un juego que refiere a la industria de manera esquiva, a una industria de la imagen, una imprenta o una impresora hogareña quizá, con los deberes de formas y colores que tienen las máquinas que repetitivamente llenan hojas de patrones. Sí, acá hay un patrón muy prolijamente estandarizado que le debe inspiración a la máquina y pasión al empeño de la artista y será por esa mezcla que lo que más queda es la sensación. Esa vibración tan efectista como espiritual con la que el buen arte Op tiene lugar y permanece. Un teórico re-atento diría que detrás de cada cuadro Op hay un tratado sobre lo visible que nos recuerda que nuestros ojos envían impulsos nerviosos que el cerebro decodifica y transforma en imagen-pensamiento y que la vibración que sentimos es una toma de conciencia sobre los mecanismos que usamos para mirar. Sí, sí, sí, ¡todo eso es verdad! Pero hay algo más. Estas pinturas son los mejores Yummy: es todo el sabor a plástico que una buena golosina tiene que tener y encima, todavía son masticables.


Centrados 07

Centrado Nº1 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.



Centrado Nº2 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm -




Centrado Nº3 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.




Centrado Nº4 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.
Centrado Nº5 - acrílico sobre tela - 220 x 150 cm.
Centrado Nº6 - acrílico sobre tela -220 x 150 cm.
Centrado Nº7 - acrílico sobre tela - 144 x 144 cm.

Rayados 07


Rayado Nº16 - acrílico sobre tela - 190 x 110 cm.




Rayado Nº 17 acrílico sobre tela -220 x 150 cm.




Rayado Nº18 - acrílico sobre tela - 220 x 150 cm.


Rayado Nº19 - acrílico sobre tela -220 x 15 cm.


Rayado Nº 20 - acrílico sobre tela - 220 x 150 cm.

Orthodoxe / Hétérodoxe 07

ORTHODOXE /HÉTÉRODOXE - CHOISIR SA LIGNE
La Mals
, Sochaux, France. 27 avril - juin

Le 19, L’Allan Hôtel de Sponeck
Montbéliard, France. 5 avril - 17 juin

La pintura de Verónica Di Toro se inscribe al mismo tiempo dentro de la tradición de la abstracción latinoamericana y de la evolución que ha conocido la abstracción a nivel internacional. La suya es una pintura que integra en su práctica la simplificación formal y cromática iniciada por el Movimiento Madí y el Neoconcretismo y que asocia una problemática serial y un uso de la línea coloreada que ilustra su asimilación de la experiencia del “optical art” y del “hard hedge”. Se trata de una pintura que asume su práctica en la era de la producción y de la reproducción en serie. Hechas de alineamientos de rayas de largo y colores diferentes, las pinturas de Di Toro juegan con el efecto de contaminación de unas sobre otras. Nos ponen en una situación donde percibimos al mismo tiempo un motivo que evoca la estructura decorativa del “imprimé” textil y una interferencia óptica entre línea y color. Simultáneamente, por el juego de asociaciones cromáticas y de variación entre líneas, rayas y bandas coloreadas, las pinturas de Di Toro producen un efecto de vibración y de corrosión de la trama que no deja de evocar la artificialidad generalizada de nuestro universo. Es por eso que estas pinturas pueden presentarse como cuadros y a la vez como elementos de un dispositivo en el cual devienen unidades polícromas al servicio de composiciones y combinaciones múltiples.

Philippe Cyroulnik, 2007

Rayados 06

Rayado Nº13 - acrílico sobre tela - 220 x 150 cm. - 2006




Rayado Nº12 - acrílico sobre tela - 145 x 205 cm. - 2006


Rayado Nº10 - acrílico sobre tela - 145 x 205 cm.- 2006
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Rayado Nº7 - acrílico sobre tela - 150 x 220 cm. - 2005

Cultural Chandon 06


Serie "Empapelado"
serigrafía sobre papel de seda

Museo de Arte Contemporaneo MAC
Salta, Argentina

¿Cuál? - Galería Sendrós 2005





Por Magdalena Jitrik 
Pájaro de 500 voces (a cerca de ¿Cuál? de Verónica Di Toro)

Mientras veo estos cuadros de Verónica Di Toro, me viene a la mente otra pregunta, mas bien la pregunta insidiosa sobre qué es la pintura o por qué la pintura. Es inquietante porque cuando ensayo una respuesta, se corresponde casi únicamente con estos cuadros, o a la tradición geométrica a la que pertenecen. Eso me lleva a pensar que habría tantas definiciones o descripciones de la pintura como cuadros o pintores. Tantos factores definitivos como hechos pictóricos.Pienso que en el caso de estos cuadros, la pintura es la operación visual y material que produce la imagen de un universo que no existe, o que no vemos. ¿No existe? Me lleno de pensamientos circulares. La pintura sería una práctica al mismo tiempo que un instrumento de visión, de ese universo que crea, o que hace visible. Una pintura, un objeto real y material, creado para producir consecuencias en los ojos, la visión de canales coloríferos que avanzan paralelos, todos resplandeciendo. Es el testimonio de la invención de cada color.Me pregunto cómo es esta práctica particular, en donde la reducción extrema de sus componentes terminan por construir, por el contrario, un sistema ampliado, enorme, infinito. Con el silencio de las formas trabaja la estridencia de los colores. Con la quietud de las rectas, la velocidad del movimiento. Entonces, ¿por qué la pintura? ¿por qué su experiencia intransferible?




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Por Mercedes Mac Donnell. Los Inrockuptibles Nº98

Detrás de su aparente uniformidad, los cuadros que presenta hasta fin de mes Verónica Di Toro, esconden su encanto en los detalles mínimos que hacen a su diferencia.
Dicen que observadas a una distancia muy pequeña, las obras de Piet Mondrian revelan desprolijidades, pequeñas manchas, zonas donde la pintura tapa un error o una salpicadura. La anécdota no deja de sorprender, por que si hay algo que aparenta una perfección casi matemática es un Mondrian. Pero, a la vez, revela una obstinada manera de mirar el arte abstracto, reduciéndolo a una formalidad fría, calculadora y decorativa; una mera combinación de colores dispuestos en orden geométrico – o no -, casi como un quehacer que bien podría llevar adelante una máquina sin la necesidad de que medie algo así como la “experiencia del arte” (por llamarla de alguna manera). Totalmente ajena a estas cuestiones y definiciones, Verónica Di Toro presenta sus cuadros en la galería Alberto Sendrós con la expectativa puesta no tanto en el efecto que tendrán sobre los visitantes, sino en el “tiempo de contemplación” que cada uno de sus trabajos reclama para ser “visualizado”. Se trata de obras apaisadas, de formato grande, emparentadas entre sí por la repetición de líneas paralelas. Ninguna es igual a otra, pero todas escapan a una descripción particular (de ahí el título de la muestra, menos desafiante que divertido por la desorientación que podría provocar en el espectador). Todo aquel que les dedique más de dos segundos (fracción de tiempo que la mayoría de las veces se le concede a un cuadro abstracto, por suponer que no puede ofrecer nada más que sus aciertos formales) descubrirá detalles, pequeños relieves en los que sobresalen las capas de acrílico, zonas donde la secuencia de colores transmite una fuerza impecable y fascinante, capaz de derribar aquello que dice que el arte pasa por “entender” o “transmitir un mensaje”, y no por la simple experiencia de enfrentarse a una obra para, sencillamente, ver qué pasa.

Bienal Bahía Blanca 05


Serie "Rayas"
36 módulos de 36 x 36 cms.
acrílico sobre madera
Bienal Nacional de Arte de Bahía Blanca
Museo de Arte Contemporáneo

Cultural Chandon 05


Serie "Rayas"
48 módulos de 36 x 36 cms
acrílico sobre madera

Museo Provincial de Bellas Artes "Timoteo Navarro"
San Miguel de Tucumán, Argentina.

Fundación PROA 05







Fundación PROA propuso a Daniel Molina, y a los artistas Mónica Girón, Magdalena Jitrik, Daniel Joglar, Alberto Goldstein y Leo Battistelli conjuntamente con Roman Vitali, presentar cada uno un grupo de artistas residentes en Buenos Aires o en el interior del país, sin trayectoria en nuestro medio artístico. A través de la mirada de cada uno de ellos, nos acercamos a las nuevas generaciones en obras tanto plásticas, como en video, poesía o música.Este año MIX O5 ya no es un nuevo “panorama” de la ciudad, sino que el desafío consiste en hacer convivir miradas entrecruzadas en un mismo ámbito a través de la lectura de los artistas. El resultado, como bien señala Mónica Girón, es un “salto al vacío”, “un ejercicio donde encontrará una pregunta en lugar de una explicación”. Desde lo político hasta lo puramente estético, desde la búsqueda de la luz en las instalaciones y las propuestas performáticas y de poesías, estas obras dan cuenta del panorama artístico local. Conjuntamente a un pequeño auditorio que se integra a la sala como una obra más, el proyector presentará las grandes obras del arte del siglo XX, los video arte, los cortos publicitarios, experiencias documentales, VJ, etc. También desde este lugar proponemos volver a preguntarnos “que es artístico” hoy en nuestro país. Paralelamente un programa de acción entre Dj, músicos, poetas y performances profundizan las preguntas.
Monumentalidad de un proyecto
por Magdalena Jitrik
Por tercera vez tenemos la oportunidad de ver éste grupo de pinturas de Verónica Di Toro, nacidas para estar juntas y en relación dinámica con el espacio. Toda definición estática de la pintura se refuta en este programa de trabajo. Cada cuadro está libre de cambiar su posición en relación con sus vecinos, cada cuadro puede independizarse y girar. Así una acumulación sistemática de colores y experiencias fueron sumando ejemplar tras ejemplar, la construcción de ésta posibilidad monumental de pintura sobre tela, que al mismo tiempo que se presenta, postula su capacidad infinita de modificarse.las sencillas premisas de las cuales la artista no se aparta, son la garantía de ésta libertad extrema que la experiencia de la pintura , como ninguna otra provee.
Por Fabián Lebenglik Pagina 12 Enero 2005
La muestra organizada por la Fundación Proa supone una serie de sentidos a priori, relacionados con la naturaleza de la convocatoria y con el sentido que propone el nombre, Mix 05.La convocatoria se planeó como una cadena de invitaciones: Proa convoca a seis artistas y a un crítico para que a su vez éstos inviten a un conjunto de artistas para montar una muestra en tiempo record. El título de la exposición Mix 05 es explícito respecto de las intenciones: to mix: mezclar, amasar, aderezar y, también, asociarse. Con estos elementos se tiene prácticamente todas la pautas.Los convocadores convocados son Daniel Joglar, Magdalena Jitrik, Daniel Molina, Mónica Girón, Leo Batistelli + Román Vitali y Alberto Goldenstein.En su liviandad veraniega, la exposición no se propone ser un panorama riguroso y totalizador sino más bien uno casual y subjetivo. Por lo tanto no se le puede pedir a Mix 05 una mirada omnicomprensiva y abarcadora, ni una teorización consistente, sino sólo un atisbo de panorama, surgido más bien como plusvalía o, tal vez, como un efecto secundario del esquema organizativo. La muestra –más un juego que otra cosa, y ése es el clima que propone, en el que también cabe la acción artística comprometida con lo social– se basa en la confianza de la mirada en quienes fueron llamados para invitar y se dirime por la calidad y la subjetividad de estos modos de ver. Así, lo aleatorio de los resultados se debe a múltiples causas asociadas a los condicionamientos, especialmente el tiempo escaso.Joglar presenta a Livio De Luca, Juan Souto, Andi Nachon, Adriana Sasali, Jimena Lascano, Gustavo Christiansen, Stella Maris, Inés Drangosch y Proyecto Súper Sopa. Nueve artistas –casi todos de Mar del Plata, como quien los convocó– reunidos con el argumento de la curiosidad: “La curiosidad –Joglar cita a Czeslaw Milosz– tiene que ser una pasión poderosa si tantas personas a lo largo de miles de años intentaron descubrir, tocar, nombrar y entender una realidad que se escapa, una realidad de ‘n’ dimensiones”. Esa curiosidad, en cada caso, es “la realidad social, la capacidad de transformación, lo poético, la escritura, la superficie, la luz, el fragmento, la música, lo efímero, lo fugaz, y todos con un intento de retenerlo un poco más...”. Para el caso de los artistas –sigue Joglar–, “propongo una imagen que nos acerque al clima de sus obras: una persona caminando por un territorio nevado, que avanza dejando el camino libre de marcas. Su tarea es doble: caminar, pero sin dejar huellas. A medida que camina sus huellas quedan marcadas, pero al mismo tiempo las va limpiando”.Junto con la mirada poética, entre el conjunto de los convocados por Joglar incluye un montaje de una obra solidaria, el Proyecto Súper Sopa, que es un programa nutricional de buena calidad y muy bajo precio, llevado a cabo en la Universidad de Quilmes y con la colaboración en la difusión del grupo “re:unión”, especialista en diseño de bien público.Magdalena Jitrik invita a Polo Tiseira, Verónica Di Toro, Cristian Wloch, DJ Nim y Proyecto Zanon. Una propuesta que va desde las derivaciones estéticas del proceso social y político que se abrió con las fábricas recuperadas, especialmente a partir de diciembre del 2001, y también convocó a artistas cuya posición artística es estrictamente estética, y se juega por el color y la escala (Di Toro), o la luz, el movimiento y el sonido (Wloch). En relación con el Proyecto Zanon, Jitrik aclara:“Presentamos un pequeño fragmento de este trabajo que resalta otro aspecto artístico de la gestión obrera, producido lateralmente e inicialmente para otros fines: desarrollar diseños, obras, propuestas para esta fábrica sin patrones”.Por su parte, Matías Duville, Fabián Bercic, Gabriela Forcadell, Christina Schiavi y Julián Gatto fueron invitados por Daniel Molina, para quien “lo realmente nuevo suele verse a posteriori. Se podría escribir una historia del arte tomando en cuenta las fallidas apuestas contemporáneas de los críticos, que creen ver lo nuevo bajo la forma de lo novedoso. Nada ha envejecido más rápido que las vanguardias. Los verdaderos innovadores no posan de innovadores. Del arte puede decirse lo que Confucio dice del Sol: a pesar de ser siempre el mismo, siempre renueva la vida. Así, lo nuevo del arte, lo que lo renueva, se manifiesta en lo sutil. Se ve en los intersticios. No parece nuevo: lo es. Por eso, por la sutileza intersticial de sus obras en emergencia, elegí estos cinco artistas”. Algunos de los rasgos comunes que encuentra Molina entre los cinco se cuentan en la potencia visual, el carácter artesanal, la sutileza, la correspondencia entre estética y ética, y la actitud zen.Mónica Girón convocó a Marcelo F. Totis (de Resistencia –ver uno de sus mandalas en la foto–), Paola Sferco (cordobesa residente en Neuquén), Gustavo Chab (músico, de Buenos Aires) y Jorgelina Herrero Pons (escenógrafa, también de Buenos Aires). En el caso de la propuesta de Girón, la artista intenta capitalizar el poco tiempo que medió entre la invitación y la exposición para apostar a un ejercicio, según dice, que invite a un salto al vacío y no tanto a dar explicaciones sino más bien a hacerse preguntas.Leo Batistelli y Román Vitali presentan a Constanza Alberione y David Nahon, por razones de afinidad artística y amistad. Aquí lo artístico está ligado a la intimidad y al imperio de la pura subjetividad. Pinturas y fotografías de dos artistas que, según concluyen Batistelli y Vitali, son “seres felices mostrando cuán felices son”.Por su parte, Alberto Goldenstein invita a Miguel Mitlag, Cecilia Szalkowicz, María Antolini y Jorge Miño, “cuatro planteos de apertura en el juego de fotografiar. Todos parten de una visión fotográfica directa, casi casual, en donde el color tiene protagonismo. De algún modo, cada uno de ellos en su subjetividad abre aún más el campo de lo fotografiable”.